Hábitos naturalizados

anécdota divertida de mi viaje a marruecos

Llegué por primera vez a Ouarzazate una mañana de abril (2014). En mi mente era un lugar de paso camino a Ait Ben Haddou donde tenía puesta toda mi expectativa (foto sacada dos días después).

 

 

Desde la estación de autobús caminé hasta el hotel que tenía reservado con la ayuda de las instrucciones que iba recogiendo tras los infaltables saludos de todas las personas que cruzaba “bienvenido, bienvenido” (siempre en masculino).

Hice base en el hotel. Eran las once de la mañana y hacía 36° C. A juzgar por los datos visuales que había recogido a través de la ventanilla del micro me encontraba en una pequeña urbanización en medio del desierto. Era momento de salir a explorar. Estaba en eso cuando me crucé con el conserje. Mi castellano y mi inglés no encajaban con su francés y el señor insistía en algo que yo no entendía, así que lo seguí.  Y voilá….

 

 

¡Mi hotel tenía pileta, piscina, alberca o cómo quieran llamarle! No me había esperado este lujo. Me alegré mucho y le agradecí la buena noticia pero mientras pronunciaba mis “merci merci”  me acordé que no había llevado malla =(  así que  me dispuse a seguir mi camino mientras imaginaba nuevas líneas para la canción Ironic” de Alanis Morissette.

El señor estaba muy extrañado al ver que me iba y no tengo idea de qué palabras usó pero sus señas eran de insistencia para que me meta a la pileta. Ante la falta de palabras francesas mi cuerpo entero se encargó de responder y fue más o menos así:

– elevamiento de hombros (y posterior regreso a su nivel habitual)

– labios en posición de letra “m” con movimiento de semi-sonrisa

– entrecerramiento (existe la palabra?) de ojos

– palmas abiertas hacia arriba a la altura de la cintura con un leve movimiento hacia afuera

– pequeño tironeo de la remera a la altura de la panza

– pequeño tironeo del pantalón en la pierna derecha (soy diestra)

Entiéndase: “Muchas gracias, pero lamentablemente no cuento con la ropa adecuada para la práctica sugerida.”

Era la situación del chiste

– ¿no nada, nada?

– es que no traje traje.

Pese a mi esmerada explicación el hombre insistía con las mismas señas. Seguía con eso de que me meta a la pileta. Me frustró un poco que no haya entendido nada de nada. Dándome por vencida lo miré en silencio y me fui.

Segundos más tarde se me reordenaron las ideas y entendí todo: era yo la que no estaba entendiendo.

¡La vestimenta es cultural, en su variedad y en sus usos!

La ropa de las mujeres marroquíes cubre todo su cuerpo en todo momento independientemente de la tarea que realicen. Misión imposible para una bikini o malla. El señor me insistía porque a sus ojos lo más normal era que saltara a la pileta así vestida como estaba.

 

Flor, julio 2014

Publicado en la Suplemento Viajes del Diario Clarín el domingo 6 de agosto de 2017
Publicación Diario Clarín Viajes Florencia Gonzalez Bazzano  Publicación Diario Clarín Viajes Florencia Gonzalez Bazzano

 

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9 comentarios de “Hábitos naturalizados”

  1. Flor…. que decir. Me haces viajar con vos desde mi casa. Me encantó la descripcion de la postura ytus gestos . No se sies xq te conozco o que pero mientras leía, te juro q te veía. Excelente, si tenias ganas de provocar eso en los lectores: lo lograste…..quiero mas. Besos

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