Mi evolución en series policiales

Otra vez estoy mirando una serie policial cuyo protagonista es un/a detective solitario, emocionalmente inestable con alguna enfermedad latente o una adicción que trata de sobrellevar. Viudo o separado y siempre con un hijo. Sobre su espalda una dudosa reputación, no suele cumplir con todos los protocolos y una vez salió todo mal y hubo que lamentar muertes, motivo por el cual fue transferido a un destino remoto. Un pueblo chico donde todos se conocen y donde ocurre el cruel asesinato. La víctima es una persona joven. Los oficiales locales subestiman al nuevo quien se va ganando la confianza a medida que demuestra su don: descubrir pistas para encontrar al culpable en las mismas evidencias donde nadie encontró nada. Entonces, el detective, el caso, la gente del pueblo y nunca puede faltar una administración estatal vinculada a un grupo de poder que quiere instalar un emprendimiento millonario ya sea inmobiliario, una represa, un casino o un estadio. Las pistas apuntan a una persona, la persiguen, se escapa, la atrapan y resulta que no era culpable, pero en el camino surgen nuevas pistas que apuntan hacia otra persona, que también se escabulle hasta que la encuentran, la interrogan, agrega otra información y resulta que tampoco es. Esto se va repitiendo una y otra vez con diferentes personas del pueblo, hasta que finalmente, en el último capítulo descubren al culpable.

Esta vez fue La treve (belga) pero a mi descripción no habría que modificarle nada si hiciera referencia a The killing (versión norteamericana de la danesa original), Sorjonen y Karppi (finlandesas) o Trapped (islandesa).

Sin embargo, hace poco me di cuenta que me gustan más las series de estos detectives marginados cuando van resolviendo un caso nuevo por capítulo y su historia personal se va desenvolviendo lentamente como en Hinterland (Gales), Wallander (Suecia) y Jack Taylor (Irlanda). Los dos últimos están basados en novelas, Wallander es de Henning Mankell y Jack Taylor de Ken Brian.

Estas series no norteamericanas me sorprenden con sus personajes abrigados, sus policías que no portan armas y los testigos o personas involucradas dispuestas a dar información sin exigir una orden judicial o la presencia de su abogado. Atrás quedaron La ley y el orden, Criminal minds y CSI en todas sus locaciones.incluyendo la naranjita de Miami y sobre todo el súmmum de todas que es Crossing lines donde liderados por un ex oficial de la “enguaypidi” (NYPD) combaten el crimen en los países más poderosos de Europa occidental y hay un experto muy experto en cada disciplina que ayuda a resolver cada caso, sin contar que son todos ninjas esquivando balas a lo matrix y que hablan todos los idiomas de la existentes en la Unión Europa. Y en esta enumeración, cómo no mencionar a Blacklist donde Raymond se las sabe todas y donde principalmente todos los malos tienen cara de malos.

Empecé con Estados Unidos, seguí por Europa nórdica avísenle a Netflix que ya estoy lista para cambiar de continente.

A mí me gusta que se vayan develando los misterios, conocer los diferentes significados atribuibles a los signos pero sobre todo que venza la verdad, que se descubran las injusticias y que no se repitan nunca más.

¿Con qué me recomendás que siga?

 

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3 comentarios de “Mi evolución en series policiales”

  1. Son entretenidas, a mi me divierte intentar ganarle al guionista jajaja. Con Blacklist me he divertido bastante. Algunas de tu lista seran un proximo “desafio”

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