Libros de viajes

Camino al este – Crónicas de amor y desamor

“Viajar es un modo de redescubrir un mundo que conocemos, o que creemos conocer por las películas y las noticias, y que en verdad hemos congelado en una colección de estereotipos. El verdadero mundo, el que se puede pisar, es un territorio muy diferente al que damos por hecho o al que nos hemos imaginado: está lleno de recovecos, y en cada recoveco hay una oportunidad, una historia y una revelación.” (página 19)

“(…) los lazos cultivados en los viajes adquieren una intensidad diferente a los de la rutina cotidiana. Son vínculos tan extraordinarios que se nutren de una generosidad poco usual, basada quizás en el tiempo que se agota y en la chance poco certera de repetir el encuentro.” (página 177)

Javier Sinay narra su viaje hacia el este compuesto por la siguiente ciudades: Madrid, Barcelona, París, Berlín, Grodno, Moscú, Ekaterimburgo, Omsk, Jrkutsk, Udan-de, Ulaanbaatar, Pekín, Seúl, Tokio y Kioto.

Viajes – De la Amazonia a las Malvinas

“El relato del viaje es siempre un a posteriori, aunque exista la libreta materialmente intacta sobre la mesa de quien lo escribe. Su pretensión y su razón de ser es reconstruir un pasado en una situación de escritura alejada del momento de los sucesos: remota, apartada, en un tiempo diferente. Entre la libreta escrita casi en paralelo al suceso y el relato hay un mar de inexactitudes y de olvidos: ¿qué se pasó por alto en la libreta, eso que el relato no podrá restituir o deberá reemplazar inventándolo? Y, aunque existan las libretas, volver a la experiencia del viaje es un deseo irrealizable, porque aquel presente es, ahora, pasado; y, sobre todo, porque el sujeto ha dejado de viajar y se ha puesto a escribir. Taussig, citando a Barthes, admite la posibilidad de que una sensación anotada en la libreta puede recapturarse: la ilusión proustiana de una experiencia recobrada.

También sucede que quien escribe el relato de viajes juzga a quien escribió la libreta como un “yo” que es otro, alguien que no sabía, que malinterpretaba, que se apuraba a juzgar. Más difícil que escribir el relato es reencontrar a quien atravesó los sucesos que se narran. Yo no soy la que escribió las libretas. Perdidas o guardadas, son tan remotas como la mujer que hizo esos viajes. Y, sin embargo, pese a todo, insistimos en escribir esos relatos. Se sabe, se sospecha que no serán fieles a aquel pasado ocurrido hace tiempo. Pero de ese pasado sólo tenemos esta historia de la que, al mismo tiempo, sospechamos. Escribirla descansa sobre dos hipótesis (o dos ilusiones): que la historia es única o primera; que la historia es representativa y que, pese a las distorsiones, mantendrá un tenor de verdad.”

“(…) no podría argumentar que estos relatos son testimonios neutrales. En todos los casos hay tres elementos que se conjugan: el sujeto que viaja; el espacio desconocido; las modificaciones de este sujeto por haber atravesado ese espacio. Si nunca dejé de pensar en esos viajes es porque les pertenezco de manera radical: no son simplemente recuerdos, sino las formas en que la experiencia me modificó en cada momento”

Viajes de la Amazonia a las Malvinas de Beatriz Sarlo

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