Mi experiencia de crucero – parte 1

Hospedaje gratis con baño privado, tele, todas las comidas y paseos por lugares paradisíacos, esos de las fotos de las revista Vanidades de la abuela Lati. ¿A cambio de qué? Once horas de trabajo, siete días a la semana durante seis meses. Por crucero, es decir cada siete o diez días dependiendo del itinerario, había un día que le llamaban “day off” (día libre) pero se trabajaba media jornada.

Mayo 2006 –  Me tomé tres vuelos, Buenos Aires – Nueva York – Roma – Trieste, para llegar al astillero en Monfalcone donde estaban construyendo el barco Crown Princess que fue mi casa hasta fines de diciembre. Estos primeros días abordo fueron bastante confusos porque si bien sabía inglés no tenía vocabulario técnico naval ni estaba entrenada para descifrar los diferentes acentos: rumano, polaco, italiano, indio, tailandés y el que más me costaba el filipino hasta que entendí la regla. El tagalo no tiene sonido F y lo sustituyen con el sonido P, entonces la palabra cincuenta y cuatro (fifty four) suena algo así como piptypor. Por otra parte no conocía el sistema de trabajo, cada persona que te cruzabas te daba una indicación diferente y al no haber llegado los uniformes no tenías manera de inferir los rangos de las personas para ver si le hacías caso o le explicabas que lo que estabas haciendo había sido solicitado por un superior. El régimen dentro del crucero es “estilo militar” para la tripulación. Las normas no se cuestionan, se acatan. Contrario de lo que pensaba me resultó muy cómodo el sistema. Vos sabías qué tenías que hacer y cómo y en tanto lo cumplieras todo iba a estar bien. La predictibilidad es amiga de la seguridad.

El primero de junio zarpamos sin pasajeros desde Italia y atravesamos el Atlántico en siete días para llegar a Nueva York donde se realizaría el viaje inaugural. Estos días fueron muy divertidos porque había que poner en marcha los servicios, sobre todo la cocina, porque ¿a qué va la gente a un crucero? ¡a comer! Así que nos turnábamos para jugar de pasajeros, es decir, ir a los bares, los restaurantes, el teatro y el cine. Kate Winslet y Di Caprio en la pantalla grande. Sí, Titanic. Evidentemente la empresa descreía de la importancia de la sugestión. Al menos al principio, porque después dejaron de pasarla.

El barco tenía dos recorridos de diez días, Caribe por el este y Caribe por el oeste saliendo y volviendo a Nueva York.  La terminal de cruceros estaba en Brooklyn, una zona de galpones como los que muestran en la series y películas cuando la policía atrapa a los malos. Fue entonces cuando conocí Nueva York. Me acuerdo de haber llamado a mi mamá por teléfono a los gritos “Mamaaaaa me encanta Nueva York, es alucinante” y ella lo más tranquila respondió -obvio hija ¿Qué esperabas? Londres, París, Tokio, Nueva York: ciudades del mundo. Estuve solo un par de horas tres días diferentes y andaba feliz de un lado a otro sintiéndome protagonista de película de Hollywood.

Mi trabajo en el crucero

En los barcos la comida está incluida en el paquete. Mi trabajo en el crucero era recepcionista en uno de los dos restaurantes pagos, el Crown Grill especializado en carnes rojas y langosta. Tomaba las reservas telefónicamente por las mañanas de 7 a 12. Tenía que atender antes del tercer ring y sonreir antes de atender presentándome: good morning, thank you for calling Crown Grill, Florencia speaking how may I help you? Luego iba a almorzar y bajaba al puerto o dormía la siesta hasta las 16hs que me reincorporaba al restaurant. Los primeros comensales llegaban a las 18hs (impensado para mi cultura argentina que cena tipo 21hs) y terminaba mi jornada a las 22hs.

Todos los días igual, sonaba el despertador, me vestía, subía por una escalera, me cruzaba a X pasando la aspiradora a la alfombra -buen día, era mexicano, luego cruzaba a XX limpiando el ascensor, -mmmorning, y llegaba al restaurant. Imposible llegar tarde ¿qué vas a decir, que no pasó el colectivo? El tema era que esas personas eran siempre las mismas. Yo miraba para todos lados a ver si había cámaras escondidas porque me sentía igual que en la película truman show: siempre lo mismo, mismo horario, mismas personas, mismos saludos.

Mis tareas eran muy livianas (literalmente yo no acarreaba bandejas gigantes llenas de copas y platos) comparadas con las del resto de mis compañeros y, en parte, el haber tenido ese puesto privilegiado se lo debo al origen de mi apellido que coincidía con el del decisor. La población femenina en barcos es muy escasa y la mayoría eran rumanas, polacas y filipinas. Io sono Bazzano! Gracias a la cúpula del restaurant que era toda italiana.

Datos del crucero

El barco Crown Princess mide 290 metros de largo, 35 metros de ancho y tiene 19 pisos. En el primero y el segundo estan las salas de máquinas y en el tercero empezaban las cabinas de los empleados. Mi cabina estaba en el tercero y no tenía ventanas porque estaba bajo el agua, como la de Leonardo. Las puertas para entrar y salir del barco se encontraban en el cuarto piso.


La capacidad del barco es de 3150 pasajeros y 1200 tripulantes donde la mayoría trabaja para los restaurantes. Entonces si bien la autoridad principal del barco es el capitán, el maitre d´hotel, alias metredí, no se queda atrás.

Mi vida de crucero estaba determina por el departamento al que pertenecía, si querés saber cómo viven los músicos en el barco te recomiendo el post de mi amiga Lucía.

El desorden de mi cabina compartida con Swetlana.

Aclaración: el contenido de este post son mis opiniones y recuerdos.

Coming next

Mi arranque contra el dentista en St Thomas, la experiencia snorkel en Grand Turk, el paseo por las cascadas de Jamaica, el huracán con mi nombre, el día que casi se hunde el barco, etc!

Mi experiencia de crucero – parte 2

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3 comentarios de “Mi experiencia de crucero – parte 1”

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