Pánico en el ferry Islas del Rosario – Cartagena

Cuando estamos de viaje nos exponemos a situaciones nuevas pero no todas son divertidas o gratificantes. Después de haber pasado cuatro días alucinantes en Islas del Rosario, alias el paraíso, teníamos que volver a Cartagena.

Eran las 3 de la tarde del 18 de junio y nos pasó a buscar una lancha por el muelle del hotel. El mismo tipo de embarcación que habíamos tomado cuatro días atrás para llegar sin ningún problema. Dos hileras de dos lugares y un cartel de máximo veintiocho pasajeros abordo. Nos pusimos los chalecos salvavidas y siguió camino. Hizo dos paradas en otros muelles para recoger a otras personas y luego encaró mar adentro. Mar con ere pero que se me representó para mí con ele: el mal. El agua estaba agitada, nos zarandeábamos para los costados y pese a que íbamos a poca velocidad, a juzgar por el ruido del motor, la lancha mejor llamada nave se despegaba del agua, volaba, para luego caer bruscamente. Esto repercutía en nosotros  que nos despegábamos del asiento y caíamos con violencia mientras se nos interrumpía la respiración. Para completar la escena, las sacudidas venían cargadas de agua y estábamos empapados de cabeza a pies, en ese orden.

Mi plan

No era una montaña rusa diseñada y con service planificados de mantenimiento, éramos el minijuguete de un Poseidón travieso e inquieto. Estábamos solos y abandonados en medio de la inmensidad. El nivel de miedo se incrementaba cada segundo, la angustia desde el pecho crecía e iba invadiéndome todo el cuerpo. Faltaban por lo menos 50 minutos para llegar a tierra firme pero el tiempo no avanzaba. Mi mente racional buscaba una solución pero no existía solución posible, solo un Deus ex machina nos liberaría de la situación. Así que al combo anterior se le sumó la ansiedad. Sentía que colapsaba, no soportaba más la tensión, estaba desesperada. Tenía que hacer algo para no enloquecer y se me ocurrió cantar fuerte para callar mis voces internas. Miré al resto de los tripulantes y estaban todos paralizados, para mí que estaban rezando para adentro. Tenía un plan pero no se me ocurría ninguna canción. La primera que me surgió fue Manuelita vivía en Pahuajó, había algunas estrofas que me faltaban pero no sabía cuáles y fui una especie de disco rayado por un rato. La siguiente: saben saben lo que hizo el famoso mono liso, a la orilla de una zanja cazó viva una naranja. Todo María Elena, no encontraba ningún otro archivo. Buscaba, trataba de revolver en la memoria y nada, estaba bloqueada, mejor dicho paralizada. Pero no me di por vencida, quería salir del repertorio infantil y encontré alta en el cielo un águila guerrera, audaz se eleva para seguir con fue la lucha tu vida y tu elemento, la fatiga, tu descanso y calma. Avancé un par de años pero no muchos, ¿que sería eso, cuarto grado? finalizados los himnos seguí con la colonia de vacaciones, pero como éstas Marian no las conocía yo empezaba y él repetía: la bicicleta de Anacleta, fue la primera en llegar a la meta, y luego la gata ética, pelética, pelimplamplética, pelada, peluda, pelimplampluda. No había manera de encontrar algo moderno, las mentes estaban en blanco. Pero la música entre comillas funcionó, pensar en algo diferente del nos vamos a morir y no hay nada que podamos hacer para evitarlo, nos calmó por ende el tiempo empezó a avanzar. A medida que nos calmábamos pudimos recordar otras canciones siempre en castellano aunque al momento de elegir un tema son más las veces que elegimos bandas o cantantes ingleses.

¡Y cuál Colón fue inmensa nuestra felicidad al avistar tierra! Ya estabamos a salvo sin saber si en algún momento corrimos riesgo realmente.

Conclusión seca y estable

El funcionamiento del cerebro sigue sorprendiéndome cada día. En esta ocasión la percepción de peligro limitó mi memoria a la infancia y se quedó exclusivamente en mi lengua materna a la vez que borraba, temporalmente, el resto del archivo.

Ahora pienso que sería muy divertido si tuviéramos todo esto registrado en un video, mi manuelita desafinada con saltos en el disco cada vez que saltaba la lancha, pero en el momento tenía las dos manos incrustadas en el respaldo del asiento de adelante para no salir expulsada al mar y dudaba de la existencia de un futuro. Aunque tendría que buscar en YouTube: “mujer enloquece y canta” a ver si con mi crisis no me di cuenta que había algún pasajero filmando.

Y ya me estoy preparando un repertorio más variado por si llego a volver a necesitarlo =)

ferry islas del rosario cartagena
esta fue la lancha pacífica de la ida desde Cartagena hasta Islas del Rosario

Si te interesa Cartagena e islas del Rosario como destino te comparto mi presupuesto de viaje por seis días

Compartir

3 comentarios de “Pánico en el ferry Islas del Rosario – Cartagena”

  1. Una canción ideal para ese momento era: “La mar estaba serena”. Ya te imagino haciendoles cantar a los pasajeros diciendo: “con E!” 😂

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *